
Crédito Fotografías: PH Mariana Gomez Torres @mgzlab
El 2025 estuvo lleno de grandes conciertos. Muchos fueron técnicamente impecables, otros emocionalmente potentes. Pero solo algunos lograron algo más difícil: quedarse. No como recuerdo aislado, sino como momento cultural dentro del año.
Esta selección nace de una revisión cuidadosa de nuestras reseñas y crónicas publicadas a lo largo de la temporada, cruzadas con las valoraciones construidas desde la experiencia directa y con algo que también importa: las sensaciones que quedaron flotando después de cada concierto, en el público, en la conversación y en la memoria colectiva.
No se trata de comparar ni de ordenar. Se trata de identificar aquellas presentaciones que, por contexto, ejecución, escala o impacto simbólico, definieron el pulso del directo en 2025.
Airbag — Razzmatazz, Barcelona
Airbag confirmó algo que ya no admite discusión: su directo está en uno de los puntos más sólidos de su carrera. El show combinó potencia rock, épica bien medida y una conexión con el público que no se fuerza ni se declama, simplemente ocurre.
Las guitarras al frente, el sonido contundente y una narrativa pensada para grandes audiencias convirtieron cada fecha en una experiencia colectiva. No hubo nostalgia vacía ni revival automático: hubo presente, músculo y canciones que funcionan como declaración generacional. Airbag no solo llenó espacios, los sostuvo.
Yungblud — Palacio Vistalegre, Madrid
Lo de Yungblud fue épico. Sonido impecable, performance intensa, entrega total y un público completamente involucrado desde el primer minuto. No hubo fisuras ni tiempos muertos.
Fue uno de esos conciertos donde la energía colectiva sostiene todo. Difícil pedir más: estamos ante el sucesor elegido de Ozzy, un artista que no solo carga con ese linaje simbólico, sino que lo empuja hacia adelante. Yungblud está haciendo algo que parecía improbable: reactivar el punk en su versión más moderna, emocional, generacional y sin nostalgia impostada.
No copia el pasado, lo reinterpreta. Y en vivo, esa convicción se vuelve contagiosa. Un show que no se limita a entretener, sino que reconecta al punk con el presente.
Post Malone — Estadi Olímpic Lluís Companys, Barcelona
Post Malone llevó al Estadi Olímpic una narrativa visual clara y coherente. El escenario recreaba una ruta desértica, atravesada por carteles de neón, reforzando una estética de carretera infinita, soledad y confesión a cielo abierto. La jaula lateral se convirtió en uno de los elementos más recordados de la puesta.
El sonido fue excelente para un recinto de esa magnitud y la interacción con el público constante. Un concierto que logró algo poco frecuente en formato estadio: mantener cercanía emocional sin achicar la escala.
Ca7riel & Paco Amoroso — Sant Jordi Club, Barcelona
En uno de los grandes momentos de la primavera barcelonesa, Ca7riel y Paco Amoroso tomaron el Sant Jordi Club con un show que funcionó como confirmación definitiva. El sonido fue excelente, de lo mejor que se escuchó en ese recinto en todo el año, y el setlist estuvo pensado con inteligencia quirúrgica para el espacio y el momento de su carrera.
Si bien el show fue menos performático que el de Madrid (se extrañaron elementos como los frascos de papota o los fisicoculturistas) a nivel musical alcanzó un punto altísimo. En Barcelona, el foco estuvo donde tenía que estar: en el cuerpo sonoro de una identidad que ya no necesita exagerarse para imponerse.
Katy Perry — Palau Sant Jordi, Barcelona
Durante el verano, Katy Perry convirtió el Palau Sant Jordi en un espectáculo total. La escenografía fue uno de los grandes aciertos del año y el escenario 360° permitió que el show se viviera de forma envolvente desde cualquier punto del recinto.
El setlist funcionó con solidez y la entrega con el público fue constante. Pop de gran formato, bien ejecutado, sin fisuras y con una lectura clara del espacio. Un ejemplo de cómo se sostiene una superproducción sin perder conexión real.
Nathy Peluso — Sónar, Fira de Barcelona
En el contexto siempre exigente del Sónar, Nathy Peluso reafirmó su lugar como una artista única. Performance, sonido y cuerpo funcionando en sincronía absoluta. Cantó y bailó sin perder control ni potencia, sosteniendo una tensión escénica constante.
Las coreografías estuvieron perfectamente integradas al discurso y el sonido acompañó sin fisuras. No fue solo una actuación destacada del festival: fue una demostración de dominio escénico total.
Imagine Dragons — Estadi Olímpic Lluís Companys, Barcelona
Con el estadio completamente repleto, Imagine Dragons desplegó todo su oficio en formato gran escala. Escenario gigante, sonido excelente y entrega constante.
No hubo sorpresa, pero sí eficacia absoluta. Así se sostiene un show de estadio sin fisuras.
Lali — Razzmatazz, Barcelona
Lali ofreció un show con muy buen sonido y una ejecución sólida, aunque el recinto quedó chico para la magnitud de la propuesta. Razzmatazz respondió, pero el espectáculo pedía un formato mayor, como mínimo un Sant Jordi Club.
Aun así, el directo dejó claro que su crecimiento ya desborda la escala sala.
Enrique Bunbury — Palau Sant Jordi, Barcelona
Bunbury ofreció uno de los shows más sólidos del año. El repertorio fue impecable, la entrega absoluta y el sonido, directamente inigualable. Cada bloque respondió a una lógica estética clara, sin nostalgia automática ni gestos innecesarios.
Un directo construido desde la autoridad artística y el control del relato. Bunbury no recordó quién es: lo ejerció.
30 Seconds to Mars — Cruïlla, Fórum Barcelona
En el Cruïlla, 30 Seconds to Mars entregó uno de los directos más efectivos del festival. Sonido de primer nivel, una actuación sólida de la banda y un escenario donde luces y visuales jugaron a favor.
La energía de Jared Leto fue clave para sostener la conexión con el público y convertir el show en uno de los momentos más recordados del evento.
Fito Páez — Palau Sant Jordi, Barcelona
Fito Páez apostó por un formato de ópera rock, con un repertorio excelente y un desarrollo narrativo claro. El concierto funcionó como una obra completa, más allá de la suma de canciones.
Emoción, estructura y concepto. Un directo pensado y construido como relato, no como simple repaso.
Duki — Palau Sant Jordi, Barcelona
Durante su gira Ameri, Duki presentó un directo sólido, con una puesta en escena clara y un sonido a la altura del concepto. El show funcionó como extensión natural de su universo, apoyado en identidad y conexión directa con su público.
Sin excesos ni artificios innecesarios, Ameri encontró en el vivo su forma más contundente.
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Nota editorial
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