
Fito y Fitipaldis salieron a escena con un sonido de rock sólido y reconocible desde el primer acorde. Banda compacta, sin desvíos, tocando con oficio y precisión. El Palau Sant Jordi respondió de inmediato: lleno, atento y metido en el concierto desde el inicio. Fue la segunda noche de su regreso a Barcelona tras cuatro años, con un público que volvió a vibrar y acompañó cada canción.
El arranque fue A contraluz. La banda tocó detrás de un telón, usando el mismo efecto que nombra la canción. Siluetas, sombras y un público que ya empujaba desde el primer tema. No hizo falta más para marcar el tono de la noche.

Desde Vizcaya, Fito Cabrales mantiene una identidad clara y sin concesiones. Fender Stratocaster Olympic White en mano, sonido limpio, directo. Tres guitarras en paralelo, bajo, batería, saxo, acordeón, violín y teclados funcionando como un bloque. El sonido fue impecable durante todo el show: potente, equilibrado y sin caídas.
En el primer bloque, con varias canciones encadenadas para calentar motores,
Fito agradeció sin vueltas: “sois una puta bendición ¡vamos!”.
En el primer bloque, con varias canciones encadenadas para calentar motores,
Fito agradeció sin vueltas: “sois una puta bendición ¡vamos!”.
El clima ya estaba instalado. Por la boca vive el pez apareció y el público prácticamente tapó a la banda con las voces. Más adelante, cuando volvió a sonar, guitarras y saxo elevaron el momento y el Palau respondió con un canto sostenido de “Fito, Fito”.
Me equivocaría otra vez marcó uno de los primeros picos. La pista estalló cantando a la par. Los cuervos se lo pasan bien mantuvo el pulso alto y Entre la espada y la pared dejó uno de los momentos más sólidos del concierto. A quemarropa confirmó que la setlist estaba pensada como recorrido y no como una suma de canciones.
Con El monte de los aullidos de su nuevo álbum y Volverá el espanto hubo cambio de guitarra y un clima más denso. Cielo hermético reforzó ese tono con imágenes de una ciudad destruida en pantalla. El pulso bajó con Cada vez cadáver, guitarra acústica en hombros, antes de volver a subir sin aviso.
Whisky barato fue uno de los grandes momentos de la noche. Antes de arrancar, Fito disparó un “a bailar Barcelona” que encendió al público. El solo de violín fue contundente. Fito terminó en el suelo, frente a frente con el violinista, ambos arrodillados, sosteniendo el momento con intensidad.
Al terminar el tema, se tomó un segundo:
“antes que todo muchas gracias”. Pausa. Y siguió: “en esta gira estamos recuperando ciertas tradiciones, ciertas buenas tradiciones y en cada ciudad pedimos saludos para la ciudad siguiente; anoche aquí mismo pedimos saludos para todos ustedes”.
Subió la colaboradora Itxaso a modo community manager al escenario y grabó el saludo en primer plano para Valencia. El Palau estalló.
Al terminar el tema, se tomó un segundo:
“antes que todo muchas gracias”. Pausa. Y siguió: “en esta gira estamos recuperando ciertas tradiciones, ciertas buenas tradiciones y en cada ciudad pedimos saludos para la ciudad siguiente; anoche aquí mismo pedimos saludos para todos ustedes”.
Subió la colaboradora Itxaso a modo community manager al escenario y grabó el saludo en primer plano para Valencia. El Palau estalló.
Como un ataúd devolvió el ritmo alto. Acabo de llegar bajó pulsaciones con el público acompañando casi a capella. En La casa por el tejado hubo estallido general y una escena mínima que resumió el espíritu del show: el reloj de Fito se enganchó con las cuerdas de la guitarra, le impidió tocar un acorde y él se rió, cómplice, con sus compañeros. Química real.

Soldadito marinero fue imponente. El público llevó la voz. El Palau, lleno y a tope. Dos sold out en Barcelona no son casualidad. La convocatoria responde a un público diverso, de toda España y también de Latinoamérica, una fidelidad construida a lo largo de los años y de giras compartidas que ampliaron ese alcance.
Los bises completaron el repaso por todo su repertorio. La noche más perfecta, Entre dos mares y el cierre con Antes de que cuente diez, coronado por un solo de saxo, sellaron la noche.
Valoración de MgzMag
Fito y Fitipaldis en Barcelona, Un concierto sin caídas ni tiempos muertos. Intensidad sostenida de principio a fin, con una setlist pensada para mantener el pulso alto y ordenar el recorrido por su repertorio sin concesiones. La banda respondió como un bloque compacto, con oficio y precisión, sosteniendo un sonido sólido durante todo el show. No hubo desvíos ni excesos: solo canciones, interpretación y conexión real con el público. Fito Cabrales habló de “buenas tradiciones” y el concierto las confirmó. Rock directo, bien tocado y vigente. Tradiciones que no se repiten por nostalgia, sino porque siguen funcionando.
Redacción MgzMag
Fito y Fitipaldis en Barcelona, Un concierto sin caídas ni tiempos muertos. Intensidad sostenida de principio a fin, con una setlist pensada para mantener el pulso alto y ordenar el recorrido por su repertorio sin concesiones. La banda respondió como un bloque compacto, con oficio y precisión, sosteniendo un sonido sólido durante todo el show. No hubo desvíos ni excesos: solo canciones, interpretación y conexión real con el público. Fito Cabrales habló de “buenas tradiciones” y el concierto las confirmó. Rock directo, bien tocado y vigente. Tradiciones que no se repiten por nostalgia, sino porque siguen funcionando.
Redacción MgzMag
Nota editorial
Los diálogos transcritos reflejan con fidelidad la voluntad y el mensaje del artista, aunque pueden no ser textuales en su totalidad. En MgzMag nos especializamos en crónicas inmersivas, donde recolectamos la mayor cantidad posible de emociones sensoriales, atmósferas y momentos clave para ofrecer una experiencia cercana a estar ahí. Lo mismo ocurre con los setlists: en algunos eventos no se reciben oficialmente o el artista modifica el orden del mismo en tiempo real, por lo que la reconstrucción se basa en la observación directa del cronista y el cruce con los registros disponibles.
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PH Mariana Gomez Torres
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